JESÚS ¿QUÉ DICES DE TI MISMO?

  19 5 24 2 Cómo culminación de las sesiones del Seminario de Cristología que se han venido celebrando a lo largo del curso, ha tenido lugar el pasado 24 de mayo la reflexión a cargo del teólogo Pope Godoy sobre la fundamental pregunta: “Jesús… ¿qué dices de ti mismo?”

   Sabemos que a Jesús se le preguntó muchas veces quién era, qué decía de sí mismo, cómo se definiría a sí mismo. Hoy podríamos hacerle la misma pregunta –invitó el conferenciante– y buscar la respuesta en los Evangelios. En los sinópticos, a esta pregunta Jesús responde una sola vez con la expresión “Yo soy”, cuando responde al sumo sacerdote en el interrogatorio tras el prendimiento en el huerto de los olivos. Esta expresión, que remite al episodio veterotestamentario de la zarza ardiente, se va a repetir, sin embargo, hasta en doce ocasiones en el Evangelio de Juan.

   No quiso pasar por alto el profesor Godoy este sorprendente dato y dedicó un tiempo a explicarlo, partiendo de la base, comúnmente aceptada, de que los evangelios no son biografías, sino catequesis, relatos sencillos y entrañables que nos abren al mensaje y al misterio de Jesús de Nazaret.

   En este cuarto evangelio, escrito más de setenta años después de la muerte de Jesús, tuvo un gran protagonismo la comunidad cristiana de Juan el Evangelista, en cuyo relato, el mensaje de Jesús se despliega a través de narraciones con gran contenido simbólico y a través de discursos donde el “Yo soy”, puesto en boca de Jesús, resulta muy llamativo.

   A través de ellos se puede ir conociendo la personalidad de Jesús y el plan de Dios para la humanidad que Él anuncia. Así, por ejemplo, en el relato de las bodas de Caná, se aprecia cómo desaparecen las purificaciones rituales externas, siendo sustituidas por el amor generoso y definitivo, simbolizado por el vino; el de Nicodemo invita a “nacer de nuevo”, esto es, a cambiar de manera de pensar y de vivir; y el de la samaritana, a superar las barreras religiosas, las estructuras cerradas de culto (los templos) y las diferencias étnicas. Pero quizás el que más claramente explicita el desacuerdo de Jesús con el orden establecido sea el episodio del ciego de nacimiento. En él, dice Jesús: - “Yo he venido a abrir un proceso contra el orden este; así, los que no ven, verán, y los que ven, quedarán ciegos”.

   La palabra ‘mundo’ (kosmos), en el Evangelio de Juan tiene el sentido original del término, es decir ‘orden’, ‘sistema de valores’. De este modo, en el texto citado, ‘orden’, ‘kosmos’ identifica un sistema sociorreligioso contrario al plan de Dios, y basado en la injusticia y la mentira.

   Seguidamente, recorrió otros pasajes del Evangelio de Juan en el que, mediante la expresión “Yo soy”, Jesús se describe a sí mismo, a través de la propuesta de modelos y valores. Así ocurre, por ejemplo, cuando se define como ‘puerta’ (“Yo soy la puerta; el que entre por mí quedará a salvo, podrá entrar y salir y encontrará pastos. […] Yo he venido para que tengan vida y les rebose”); o como ‘buen pastor’; esto es, ‘modelo de pastor’.

 19 5 24 1  En este punto, el ponente hizo un paréntesis para poner de relieve que para las sociedades urbanas actuales esta parábola queda cada vez más alejada, tanto en su sentido literal como en el simbólico: ya que tanto las sociedades como las personas aspiramos a ser adultas, a tomar nuestras propias decisiones, más que a formar parte de rebaños adoctrinados e infantilizados. Sin embargo, hay una óptica con la que sí podemos aceptar esta comparación, la de la búsqueda de la oveja extraviada. Jesús aparece entonces –y se propone como modelo para los que queremos seguirle– como alguien preocupado por aquellos que se le han encomendado.

   Prosiguió comentando otros pasajes, como “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos” o “Yo soy el pan de vida”, expresión que repite hasta cuatro veces en el capítulo 6º, tras el reparto de los panes y los peces, en una clara conexión con la Eucaristía. Así lo explica Juan Mateos: “Jesús pasa de la figura del maná a la del cordero, sin salirse de la simbología del Éxodo (la Pascua). Ambos términos pertenecen al campo semántico del alimento".

   De nuevo se detuvo el conferenciante para comentar el desconcierto y escándalo que supuso esta invitación de Jesús a comer su carne y beber su sangre, que puede repetirse también hoy entre nosotros y propuso trascender la metáfora para llegar al fondo de su pensamiento y su proyecto, ya que, en realidad, nos está invitando a identificarnos con Él y a vivir los mismos valores que él vivió y proclamó a lo largo de su vida, particularmente, su identificación rotunda y definitiva con las personas marginadas y excluidas, pese a que esta decisión significó para Él la ruptura de muchos esquemas y tradiciones de su propia religión y cultura (el sábado, la pureza legal, la enfermedad como castigo por el pecado,…), con un único objetivo, sacar a esas personas de la marginación para que sean personas libres y adultas para tomar sus propias decisiones.

   Pasó con algo menos de detenimiento en otras expresiones de Jesús, como “Yo soy el camino, la verdad y la vida” o “Yo soy la resurrección y la vida”, porque –dijo– le interesaba particularmente cerrar su intervención comentando “Yo soy la luz del mundo”.

   La luz (y la dualidad luz-tinieblas) atraviesa de parte a parte los textos sagrados: desde los primeros versículos del Génesis, pasando por la oscuridad que experimentan los egipcios durante la novena plaga, según narra el libro del Éxodo; la “luz magnífica”, que tienen los israelitas, según el libro de la Sabiduría,… Los salmos y los profetas se dirigen a Dios en términos de luz: “El Señor es mi luz y mi salvación”.

   Ya en el Nuevo Testamento, la llegada de Jesús Mesías se formula en términos simbólicos de luz. El anciano Simeón, al tomar al niño Jesús en sus brazos, proclama: “Una luz que es revelación para las naciones y gloria para tu pueblo, Israel” (Lc 2, 32)

   Mateo anuncia el comienzo de la predicación de Jesús en Galilea
citando a Isaías: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombra de muerte una luz les brilló (Mt 4,16).

   El prólogo al evangelio de Juan es muy sugerente en su formulación: “la vida era la luz del hombre; esa luz brilla en la tiniebla y la tiniebla no la ha apagado” (Jn 1,4-5). En el mismo relato (Jn 1,7-8) leemos que Juan el Bautista vino para dar testimonio de la luz. No era él la luz; vino solo para dar testimonio de la luz. Y a renglón seguido se afirma explícitamente sobre Jesús: “Era la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre llegando al mundo” (Jn 1,9).

   Estas afirmaciones culminarán con esta otra del propio Jesús: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no caminará en la tiniebla, tendrá la luz de la vida”(Jn 8,12).

   Aún recordó Pope Godoy, para finalizar, algunas citas más, alusivas a la luz, tanto del evangelio como del libro de los Hechos, completando el retrato de Jesús que hizo tanto el autor sagrado como la comunidad en la que estaba inserto, dando paso así a un animado coloquio que puso de manifiesto el interés que su intervención suscitó entre los asistentes.

Texto y fotos: C.C.P.